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lunes, 10 de enero de 2011

C. Spencer Yeh / Lasse Marhaug | The Elementary Particles

C. Spencer Yeh / Lasse Marhaug | The Elementary Particles (2008)




El ruido, simulacro de muerte

(…) el ruido no existe en sí mismo, sino en relación con el sistema en el que se inscribe (… ) Remite por lo tanto, en todas las culturas, a la idea de alarma, de blasfemia, de calamidad. ‘He aquí que haré caer sobre este lugar una desgracia que aturdirá los oídos de quienquiera oiga hablar de ella’ (Jeremías, 19, 9). ‘Cuando los tambores de la resurrección resonaron, se taparon los oídos aterrorizados’ (Al Din Runir, Divani, Shansi Tabriz).

En su realidad biológica, el ruido es un medio de hacer daño. Más allá de un límite, se convierte en un arma inmaterial de muerte. (…)

Arma de muerte, lo ha llegado ser gracias a la tecnología industrial. Pero, así como la muerte no es más que un exceso de vida, el ruido ha sido percibido también como fuente de exaltación, forma de droga, capaz de curar picaduras de tarántula o, según Boissieu de Sauvage (en su Nosologie méthodique), terapia de ‘14 formas de melancolía’."

Jacques Attali, Ruidos: Ensayo sobre la economía política de la música, México, Siglo veintiuno editores, págs 44 y 45.

“–The Weakest Animal, However, Can Generally Avoid Combat By Adopting Such Submissive Postures As Crouching Or Presenting The Rump

–In Contemporary Western Society, Death Is Like White Noise To A Man In Good Health - It Fills His Mind When His Dreams And Plans Fade"

C. Spencer Yeh & Lasse Marhaug, The Elementary Particles.

Un saludo.

martes, 23 de marzo de 2010

John Coxon, Wadada Leo Smith – Brooklyn Duos

John Coxon, Wadada Leo Smith – Brooklyn Duos (2007)

Las aves necesitan volar, lo necesitan aunque no todas puedan, entre otras cosas, porque su ritmo cardiaco así se los impone, su sangre caliente es prueba de los impulsos nerviosos de los que Alfred Hitchcock supo inspirarse a partir de estas mismas características avícolas.

Podemos, por ejemplo, dar cuerda al mundo montados sobre un pájaro, por involucrar a Haruki Murakami.

En el más hondo trompeteo de Wadada podemos sentir cómo el aire se desliza por una multiplicidad de alas que se resuelven como fotogramas, nunca con suavidad, es un acto violento como los pájaros de Hitchcock; en Coxon encontramos la precisión de las garras y la finura de un pico, que bien sabe que su presa ha de ser finalizada en el aire.

Escuchar que los pájaros ”más valen cientos volando que uno en la mano”

Música "para los pájaros" como el libro de Cage.

¿Volar? quién no lo necesita…

Un saludo.

O SFa